Resumen: “Pulseando con el difícil”

 “Pulseando con el difícil” de Ana Lydia Vega

Por: Carolina Montañez

Comienza Vega relatando en su ensayo autobiográfico como el año 1952 fue un año muy importante para Puerto Rico. Es el momento en que se alzan las dos banderas, la de Puerto Rico y la estadounidense. Todo comenzó con que sus padres querían que sus hijas estudiaran en una escuela católica de monjas americanas. Vega nos dice que cada mañana can­taban el “oseicanyusí” y juraban sobre la bandera “gringa” con su mano en el pecho, pero esto no era el único método de convertirlos en “americanitos”. Todas sus clases, textos y vocabulario en clase eran en inglés.

“Poco a poco se iba consolidando la visión del inglés como lengua de ‘cachet’, de progreso y de modernidad mientras el espa­ñol quedaba reducido a la esfera de lo anticuado, de lo doméstico”. El inglés ya se estaba apoderando de todo; los términos científicos, vocabulario técnico y literario. Ana nos dice que al llegar a la Universidad de Puerto Rico se le hizo muy difícil acostumbrase ya que sabia demasiados términos en inglés y muy pocos en español.  Se dio cuenta que en todos esos años que estuvo en la escuela se encargaron de hacerle creer que el inglés significaba progreso, la llave al nuevo mundo mientras que el español significaba el atraso y la vulgaridad.

Se consideraba cursi y tonto los versos poéticos y cartas de felicitación en español. Hasta las películas eran mucho mejor en inglés y las que fueran en español eran clasificadas como “charrerías”. Para continuar con la polémica llego el rock a la casa de todos los adolecentes, dejando muy lejos los boleros y la salsa.

Ahora el spanglish había llegado para quedarse. Este se convirtió en el idioma de moda y muy utilizado por los chicos de buen ingreso económico. “Se hablaba de French-kissing (aunque los franceses jamás han reclamado la autoría de tan ancestral práctica) para evitar la grosera refe­rencia a un beso de lengua”, efectivamente el inglés se había convertido en lo sofisticado, la americanización había sido efectiva.

La Universidad se le hizo un mundo muy extraño ya que todo era en un idioma que ella no conocía muy bien. Para completar ella se encontraba en la facultad de humanidades, concentración en francés, donde se apoyaba el puertorriqueñismo y todos eran independentistas con un gran odio hacia lo americano. Al irse a continuar sus estudios post-graduados en Francia pudo apreciar grandemente su isla caribeña, su lengua materna y tuvo una reconciliación con el inglés. Ahora decía que el inglés era “una llave imprescindible del conocimiento universal”.

Después de todo nos dice que había logrado recuperar la lengua de su educación y de su juventud  “cambiándole el signo negativo que las circunstancias políticas y sociales del país le habían conferido y devolviéndola a su verdadera vocación, la de todas las lenguas humanas: la comunicación”.

No se puede hablar del inglés como una lengua materna o una segunda lengua por qué realmente no nos pertenece. Sin embargo se debe llamar una lengua extranjera que nos ayuda positivamente en la comunicación y el entendimiento a nivel mundial. Lo más importante que nos enseña Ana Lydia es que “un pueblo seguro de su lengua propia puede encararse, sin miedo y con alegría, al conocimiento de otras que ya no constituirían una amenaza de desintegración moral sino una promesa de expansión espiritual”.

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